18.04.2008

La guerra civil dentro del Frente Popular. Memoria Historica

MILES DE MUERTOS QUE RODRÍGUEZ ZAPATERO Y ASOCIADOS QUISIERAN OLVIDAR:
LA GUERRA CIVIL DENTRO DEL FRENTE POPULAR.- 
 
 
 
Uno de los hechos más silenciados de la Guerra Civil española es la guerra civil dentro del Frente Popular. Se trata de miles de muertos, y esto que presento es sólo un pequeño esbozo.
 
El 10 de junio de 1936 se produce un enfrentamiento sindical en Málaga, los de la CNT asesinan al concejal comunista Andrés Rodríguez González, respondiendo los de la UGT abatiendo de seis balazos a Miguel Ortíz Acevedo, dirigente de la CNT. Al día siguiente es asesinado el sindicalista Antonio Román Reina, y finaliza la batalla en el puerto con la muerte de un obrero afiliado a la CNT.
 
En julio de 1936 en Barcelona, militantes de la CNT asesinaron a más de 80 miembros de la UGT.
 
Los asesinatos de modestos campesinos, artesanos y comerciantes, la mayoría partidarios del Frente Popular, asesinatos cometidos por la CNT-FAI, al imponer e implantar por la fuerza de las armas las colectividades agrícolas.
 
Edward Knoblaugh, corresponsal norteamericano en Madrid en 1936 escribe: “Los anarquistas y los socialistas- comunistas se mataban entre sí con regularidad uno o dos muertos al día. (...) la ejecución de cientos de izquierdistas moderados, bajo acusación de sabotajes y actividades contrarrevolucionar ias”. 
El fusilamiento en agosto de 1936 del socialista teniente coronel Cuervo, falsamente acusado de tratar con el enemigo, según testimonio del general y ex ministro republicano Luis Castelló Pantoja y del ex ministro socialista Julián Zugazagoitia.
 
El asesinato por sus propios compañeros del joven poeta inglés John Cornford, dirigente comunista universitario alistado en las Brigadas Internacionales, según confesión de su madre Frances Cornford al historiador Hugh Thomas.
 
A finales del verano de 1936 cerca de Barbastro, fueron asesinados por militantes anarquistas 25 afiliados a la UGT.
 
En octubre de 1936 en el frente de Tagus y por orden del general republicano José Asensio, son fusilados 30 milicianos.
 
50 muertos en octubre de 1936 en Madrid, en la plaza de Tetuán y calles limítrofes, por enfrentamientos entre fuerzas del orden y anarquistas.
 
El 19 de noviembre de 1936, el líder anarquista Buenaventura Durruti es herido de muerte de un disparo realizado a corta distancia y por la espalda, cuando estaba inspeccionando las tropas del frente de la Ciudad Universitaria de Madrid.
 
Los asesinatos de republicanos e izquierdistas cometidos por las anarquistas y autónomas Columna de Hierro y Columna del Rosal, sus enfrentamientos con otras fuerzas del Frente Popular, como el choque de noviembre de 1936 en Valencia, cuando la Columna de Hierro sembró el terror en la ciudad y su posterior batalla con la Guardia Popular Antifascista, policía comunista-socialist a, que dejó un saldo de 148 muertos.
 
En el pueblo toledano de Villanueva, por orden del alcalde comunista, fueron asesinados 16 militantes de la CNT.
 
 A finales de diciembre de 1936 en el pueblo tarraconense de La Fatarella, hubo más de 20 muertos por los enfrentamientos entre socialistas y comunistas de la UGT y militantes de la CNT-FAI.
 
En 1936 son asesinados por venganzas y rivalidades los delegados de Abastos, Manuel López de la CNT y el comunista Pablo Yagüe de la UGT.
 
El 25 de abril de 1937 en el barcelonés Molins de Llobregat, es asesinado Roldán Cortada dirigente del PSUC. Al día siguiente en Puigcerdá, son abatidos a balazos el anarquista Antonio Martín y dos de sus compañeros.
 
Antonio Sesé Artaso secretario de la UGT catalana, dirigente del PSUC y consejero de la Generalidad, el 6 de mayo de 1937 es herido de muerte de un disparo realizado por militantes del PSUC. En un informe secreto de 14 de octubre de 1936 elaborado por André Marty, el dirigente de la Internacional Comunista afirmaba: “Sesé, un hombre sospechoso desde todos los puntos de vista”. 
Los sucesos del mayo catalán, con un mínimo de 277 muertos, como los 36 anarquistas asesinados por el PSUC en Tarragona, o los 12 cadáveres de los jóvenes anarquistas abandonados en el cementerio de la barcelonesa Sardañola, “horriblemente mutilados, con los ojos fuera y las lenguas cortadas”, según denunció la ex ministra y dirigente anarquista Federica Montseny Mañé. 
Al conocerse los sucesos de Barcelona, el 4 de mayo de 1937, fuerzas anarquistas abandonan sus posiciones en el frente de Aragón y se dirigen a la Ciudad Condal a defender a sus compañeros. A su paso por Binéfar, Barbastro, El Grado, Albalate de Cinca, Peralta de Alcofea, Valderrobres, Mora de Rubielos y otras poblaciones, se producen enfrentamientos, asesinatos y ejecuciones.
 
Después del mayo catalán vendrán las represiones, primero contra el POUM, hasta casi su total exterminio.
Según el dirigente del POUM Andrés Nin Pérez, en diciembre de 1936 tenían 30.000 afiliados, y según Erwin Wolf, que también fue detenido y hecho desaparecer por el NKVD -la policía secreta soviética-, el 6 de julio de 1937 escribía: “Es imposible decir cuántos miembros activos quedan del POUM, 100, 200, 300 como máximo”. 
Andreu Nin Pérez, ex hermano, ex consejero de la Generalidad y uno de los líderes del POUM, detenido el 16 de junio de 1937 en Barcelona por orden del jefe del NKVD, Alexander Orlov, fue trasladado a Madrid y torturado hasta la muerte, su cadáver, como el de otros muchos desaparecidos, posiblemente fue a parar al secreto horno crematorio de Orlov, horno crematorio cuya existencia fue revelada en el año 1998 por el coronel y archivero del KGB, Vasili Nikitich Mitrokhin.
 
Después de terminar con el POUM, en todo el territorio del Frente Popular, socialistas y comunistas desataron una campaña contra las colectividades anarquistas. Enrique Líster, el comandante comunista de la XI División, fue el responsable de numerosos asesinatos de campesinos castellanos, como los 60 fusilados en el pueblo toledano de Mora, ejecuciones que jamás negó e incluso justificó; pero tanto en número como en crueldad fue superado por su camarada comunista Valentín González, “el Campesino”. Según testimonios, sólo en la zona central castellana fueron eliminados cientos de pequeños campesinos, comerciantes y artesanos colectivistas. 
Finalizada la liquidación de las colectividades agrarias le llegó el turno al anarquista Consejo de Aragón, instalado en Caspe.
Aragón había quedado dividido en dos partes, las capitales Zaragoza, Huesca, Teruel y algunas poblaciones era zona nacional, y desde octubre de 1936 los anarquistas eran dueños de la otra parte de Aragón, y según los comunistas, esos territorios estaban dominados por el pillaje, el desorden y el crimen.
El 5 de agosto de 1937 el ministro de Defensa, el socialista Indalencio Prieto, llamó a Enrique Líster para darle una orden, pero no por escrito, sino verbal, de que actuase sin contemplaciones ni trámites burocráticos y acabase con el Consejo de Aragón. Enrique Líster, que además de asesino contaba con una de las mejores y más eficaces unidades armadas del Frente Popular, cumplió con creces la orden verbal. A finales de agosto, cuando ya casi estaba dominado todo el territorio aragonés que había estado en poder de los anarquistas, fue nombrado gobernador general de Aragón el militante de Izquierda Republicana, José Ignacio Mantecón, y con las compañías de Guardia de Asalto que le acompañaron más la División de Líster, se dio por finalizada la misión, que fue llevada a cabo “con extremada violencia”. 
De las numerosas ejecuciones del comunista Enrique Líster –de algunas de ellas alardeó ufano hasta el último día de su vida-, se sabe que durante la ofensiva de Brunete en julio de 1937, ordenó fusilar a un comisario de división y a un comandante de brigada regular, ambos anarquistas. 
En cuanto al desconocido número de ejecuciones dentro de las Brigadas Internacionales, en Brunete, y en la noche anterior a las ejecuciones ordenadas por Líster, fueron fusilados 18 “brigadistas”.Uno de los jefes carceleros de las Brigadas, el croata Copic, hermano del coronel Vladimir Copic, con motivo de la llegada de nuevos prisioneros “brigadistas”, ordenó fusilar a 16. En otra ocasión 50 prisioneros “brigadistas” lograron evadirse, por lo que ordenó como escarmiento la ejecución de 50 presos.El “brigadista” francés Roger Codou consultó algunos informes sobre las prisiones de las Brigadas, descubriendo que muchos de los prisioneros morían por “inmersión en agua”.El 14 de junio de 1938, el teniente alemán Hans Rudolph, torturado durante seis días, fue ejecutado de un tiro en la nuca junto a otros seis “brigadistas”.Otras veces los ejecutados eran computados como muertos en combate, como el caso de Erich Frommelt, “brigadista” fusilado en noviembre de 1937 y dado oficialmente por muerto en el frente de Teruel.Existe un escrito donde el miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y uno de los organizadores de las Brigadas Internacionales, el hermano francés André Marty, informa en noviembre de 1937 al Comité Central del Partido Comunista Francés: “Estas ejecuciones, las que han sido dispuestas por mí, no pasan de quinientas”. El mentiroso historiador Rémi Skoutelsky, afirma que en ese escrito hay añadiduras y falsificaciones, y que él investigando había dado con la fuente franquista de la falsificación, el librito editado en Barcelona en 1939, “Las Brigadas Internacionales según testimonio de sus artífices”. Pues bien, yo conocía ese librito y he consultado tres de sus ejemplares y puedo afirmar que se limita a traducir y recoger sólo una parte del informe de Marty, informe completo que fue reproducido por el “brigadista” Andreu Castells en su libro, “Las Brigadas Internacionales de la guerra de España”, Barcelona, 1974, pp. 257 y 258.Para finalizar este apartado sobre las ejecuciones en las Brigadas Internacionales, he de decir que en un informe alto secreto del camarada Gómez; es decir, Wilhelm Zeisser, agente del GRU -el servicio de inteligencia militar soviético- y jefe de la base de Albacete de las Brigadas Internacionales, a 31 de marzo de 1938 el total de los incorporados a las Brigadas era de 31.369: 15.992 disponibles, 5.062 devueltos a casa heridos y 4.575 muertos y desaparecidos, y el apartado denominado “diferencia”: 5.740, es el total que incluye a los desertores y a los ejecutados. (Ronald Radosh. Mary R. Habeck y Grigory Sevostianov. España traicionada. Barcelona, 2002. pp. 511 y 549). Ejecutados cuyo número real jamás sabremos, al igual que pasa con los miles de ejecutados en y por el Frente Popular. 
El 20 de enero de 1938, fueron fusilados en el pueblo turolense de Rubielos de Mora, 46 milicianos acusados de insubordinació n.
 
Del 5 al 13 de marzo de 1939 tuvo lugar en Madrid la última batalla de la Guerra Civil, donde se enfrentaron fuerzas prosoviéticas socialistas y comunistas, contra fuerzas anarquistas de Cipriano Mera Sanz y del militar profesional y republicano, el hermano Segismundo Casado López. Tampoco se conoce el número exacto de muertos, y las cifras que dan algunos historiadores van desde los más de 200, 500, unos 2.000, más de 5.000 y hasta 20.000; eso sí, se sabe que el coronel o general Casado ordenó fusilar a los comunistas coronel y hermano Luis Barceló Jover y al comisario José Conesa, y que anteriormente fuerzas de Barceló habían ejecutado a los ayudantes de Casado, los coroneles José Pérez Gazzolo, Arnoldo Fernández Urbano, Joaquín Otero Ferrer y al comisario Ángel Peinado Leal.
 
Finalizada la Guerra Civil e incluso después de la II Guerra Mundial, asesinos comunistas refugiados en Francia, continuaron la eliminación de antifascistas españoles; como el caso de Joan Farré Gasso, antiguo dirigente del POUM de Lérida y participante en la resistencia francesa contra los alemanes, que fue interceptado en Montauban por los maquis comunistas y asesinado.
 
Presidente Rodríguez y asociados, no sean tan cobardes y tengan memoria de todos sus muertos. Y digo todos sus muertos, porque como usted Rodríguez ha declarado sentirse muy orgulloso de ser rojo; pues bien, sepa y recuerde que esos fueron rojos asesinados por rojos, hágase pues cargo de los miles y miles de esas víctimas, y a los cientos de sus asesinos recompénseles por su callada labor realizada, labor que nunca será reconocida ni siquiera por ellos mismos.
 
Este trabajo es una parte de las páginas del libro: “El chantaje de la izquierda. Las falsedades de la Guerra Civil española”. Se puede adquirir en la Librería Histórica. c/ Lagasca 120. Madrid.Habría que añadir a los 200 milicianos fusilados en Aravaca, cerca de los 800 mártires patriotas, por no querer ir al frente. O los vagones llenos de prostituas y homosexuales que iban al frente y que fueron fusilados por Durruti.


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