18.04.2008
La guerra civil dentro del Frente Popular. Memoria Historica
MILES DE MUERTOS QUE RODRÍGUEZ ZAPATERO Y ASOCIADOS QUISIERAN OLVIDAR:
LA GUERRA CIVIL DENTRO DEL FRENTE POPULAR.-
Uno de los hechos más silenciados de la Guerra Civil española es la guerra civil dentro del Frente Popular. Se trata de miles de muertos, y esto que presento es sólo un pequeño esbozo.
El 10 de junio de 1936 se produce un enfrentamiento sindical en Málaga, los de la CNT asesinan al concejal comunista Andrés Rodríguez González, respondiendo los de la UGT abatiendo de seis balazos a Miguel Ortíz Acevedo, dirigente de la CNT. Al día siguiente es asesinado el sindicalista Antonio Román Reina, y finaliza la batalla en el puerto con la muerte de un obrero afiliado a la CNT.
En julio de 1936 en Barcelona, militantes de la CNT asesinaron a más de 80 miembros de la UGT.
Los asesinatos de modestos campesinos, artesanos y comerciantes, la mayoría partidarios del Frente Popular, asesinatos cometidos por la CNT-FAI, al imponer e implantar por la fuerza de las armas las colectividades agrícolas.
Edward Knoblaugh, corresponsal norteamericano en Madrid en 1936 escribe: “Los anarquistas y los socialistas- comunistas se mataban entre sí con regularidad uno o dos muertos al día. (...) la ejecución de cientos de izquierdistas moderados, bajo acusación de sabotajes y actividades contrarrevolucionar ias”.
El fusilamiento en agosto de 1936 del socialista teniente coronel Cuervo, falsamente acusado de tratar con el enemigo, según testimonio del general y ex ministro republicano Luis Castelló Pantoja y del ex ministro socialista Julián Zugazagoitia.
El asesinato por sus propios compañeros del joven poeta inglés John Cornford, dirigente comunista universitario alistado en las Brigadas Internacionales, según confesión de su madre Frances Cornford al historiador Hugh Thomas.
A finales del verano de 1936 cerca de Barbastro, fueron asesinados por militantes anarquistas 25 afiliados a la UGT.
En octubre de 1936 en el frente de Tagus y por orden del general republicano José Asensio, son fusilados 30 milicianos.
50 muertos en octubre de 1936 en Madrid, en la plaza de Tetuán y calles limítrofes, por enfrentamientos entre fuerzas del orden y anarquistas.
El 19 de noviembre de 1936, el líder anarquista Buenaventura Durruti es herido de muerte de un disparo realizado a corta distancia y por la espalda, cuando estaba inspeccionando las tropas del frente de la Ciudad Universitaria de Madrid.
Los asesinatos de republicanos e izquierdistas cometidos por las anarquistas y autónomas Columna de Hierro y Columna del Rosal, sus enfrentamientos con otras fuerzas del Frente Popular, como el choque de noviembre de 1936 en Valencia, cuando la Columna de Hierro sembró el terror en la ciudad y su posterior batalla con la Guardia Popular Antifascista, policía comunista-socialist a, que dejó un saldo de 148 muertos.
En el pueblo toledano de Villanueva, por orden del alcalde comunista, fueron asesinados 16 militantes de la CNT.
A finales de diciembre de 1936 en el pueblo tarraconense de La Fatarella, hubo más de 20 muertos por los enfrentamientos entre socialistas y comunistas de la UGT y militantes de la CNT-FAI.
En 1936 son asesinados por venganzas y rivalidades los delegados de Abastos, Manuel López de la CNT y el comunista Pablo Yagüe de la UGT.
El 25 de abril de 1937 en el barcelonés Molins de Llobregat, es asesinado Roldán Cortada dirigente del PSUC. Al día siguiente en Puigcerdá, son abatidos a balazos el anarquista Antonio Martín y dos de sus compañeros.
Antonio Sesé Artaso secretario de la UGT catalana, dirigente del PSUC y consejero de la Generalidad, el 6 de mayo de 1937 es herido de muerte de un disparo realizado por militantes del PSUC. En un informe secreto de 14 de octubre de 1936 elaborado por André Marty, el dirigente de la Internacional Comunista afirmaba: “Sesé, un hombre sospechoso desde todos los puntos de vista”.
Los sucesos del mayo catalán, con un mínimo de 277 muertos, como los 36 anarquistas asesinados por el PSUC en Tarragona, o los 12 cadáveres de los jóvenes anarquistas abandonados en el cementerio de la barcelonesa Sardañola, “horriblemente mutilados, con los ojos fuera y las lenguas cortadas”, según denunció la ex ministra y dirigente anarquista Federica Montseny Mañé.
Al conocerse los sucesos de Barcelona, el 4 de mayo de 1937, fuerzas anarquistas abandonan sus posiciones en el frente de Aragón y se dirigen a la Ciudad Condal a defender a sus compañeros. A su paso por Binéfar, Barbastro, El Grado, Albalate de Cinca, Peralta de Alcofea, Valderrobres, Mora de Rubielos y otras poblaciones, se producen enfrentamientos, asesinatos y ejecuciones.
Después del mayo catalán vendrán las represiones, primero contra el POUM, hasta casi su total exterminio.
Según el dirigente del POUM Andrés Nin Pérez, en diciembre de 1936 tenían 30.000 afiliados, y según Erwin Wolf, que también fue detenido y hecho desaparecer por el NKVD -la policía secreta soviética-, el 6 de julio de 1937 escribía: “Es imposible decir cuántos miembros activos quedan del POUM, 100, 200, 300 como máximo”.
Andreu Nin Pérez, ex hermano, ex consejero de la Generalidad y uno de los líderes del POUM, detenido el 16 de junio de 1937 en Barcelona por orden del jefe del NKVD, Alexander Orlov, fue trasladado a Madrid y torturado hasta la muerte, su cadáver, como el de otros muchos desaparecidos, posiblemente fue a parar al secreto horno crematorio de Orlov, horno crematorio cuya existencia fue revelada en el año 1998 por el coronel y archivero del KGB, Vasili Nikitich Mitrokhin.
Después de terminar con el POUM, en todo el territorio del Frente Popular, socialistas y comunistas desataron una campaña contra las colectividades anarquistas. Enrique Líster, el comandante comunista de la XI División, fue el responsable de numerosos asesinatos de campesinos castellanos, como los 60 fusilados en el pueblo toledano de Mora, ejecuciones que jamás negó e incluso justificó; pero tanto en número como en crueldad fue superado por su camarada comunista Valentín González, “el Campesino”. Según testimonios, sólo en la zona central castellana fueron eliminados cientos de pequeños campesinos, comerciantes y artesanos colectivistas.
Finalizada la liquidación de las colectividades agrarias le llegó el turno al anarquista Consejo de Aragón, instalado en Caspe.
Aragón había quedado dividido en dos partes, las capitales Zaragoza, Huesca, Teruel y algunas poblaciones era zona nacional, y desde octubre de 1936 los anarquistas eran dueños de la otra parte de Aragón, y según los comunistas, esos territorios estaban dominados por el pillaje, el desorden y el crimen.
El 5 de agosto de 1937 el ministro de Defensa, el socialista Indalencio Prieto, llamó a Enrique Líster para darle una orden, pero no por escrito, sino verbal, de que actuase sin contemplaciones ni trámites burocráticos y acabase con el Consejo de Aragón. Enrique Líster, que además de asesino contaba con una de las mejores y más eficaces unidades armadas del Frente Popular, cumplió con creces la orden verbal. A finales de agosto, cuando ya casi estaba dominado todo el territorio aragonés que había estado en poder de los anarquistas, fue nombrado gobernador general de Aragón el militante de Izquierda Republicana, José Ignacio Mantecón, y con las compañías de Guardia de Asalto que le acompañaron más la División de Líster, se dio por finalizada la misión, que fue llevada a cabo “con extremada violencia”.
De las numerosas ejecuciones del comunista Enrique Líster –de algunas de ellas alardeó ufano hasta el último día de su vida-, se sabe que durante la ofensiva de Brunete en julio de 1937, ordenó fusilar a un comisario de división y a un comandante de brigada regular, ambos anarquistas.
En cuanto al desconocido número de ejecuciones dentro de las Brigadas Internacionales, en Brunete, y en la noche anterior a las ejecuciones ordenadas por Líster, fueron fusilados 18 “brigadistas”.Uno de los jefes carceleros de las Brigadas, el croata Copic, hermano del coronel Vladimir Copic, con motivo de la llegada de nuevos prisioneros “brigadistas”, ordenó fusilar a 16. En otra ocasión 50 prisioneros “brigadistas” lograron evadirse, por lo que ordenó como escarmiento la ejecución de 50 presos.El “brigadista” francés Roger Codou consultó algunos informes sobre las prisiones de las Brigadas, descubriendo que muchos de los prisioneros morían por “inmersión en agua”.El 14 de junio de 1938, el teniente alemán Hans Rudolph, torturado durante seis días, fue ejecutado de un tiro en la nuca junto a otros seis “brigadistas”.Otras veces los ejecutados eran computados como muertos en combate, como el caso de Erich Frommelt, “brigadista” fusilado en noviembre de 1937 y dado oficialmente por muerto en el frente de Teruel.Existe un escrito donde el miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y uno de los organizadores de las Brigadas Internacionales, el hermano francés André Marty, informa en noviembre de 1937 al Comité Central del Partido Comunista Francés: “Estas ejecuciones, las que han sido dispuestas por mí, no pasan de quinientas”. El mentiroso historiador Rémi Skoutelsky, afirma que en ese escrito hay añadiduras y falsificaciones, y que él investigando había dado con la fuente franquista de la falsificación, el librito editado en Barcelona en 1939, “Las Brigadas Internacionales según testimonio de sus artífices”. Pues bien, yo conocía ese librito y he consultado tres de sus ejemplares y puedo afirmar que se limita a traducir y recoger sólo una parte del informe de Marty, informe completo que fue reproducido por el “brigadista” Andreu Castells en su libro, “Las Brigadas Internacionales de la guerra de España”, Barcelona, 1974, pp. 257 y 258.Para finalizar este apartado sobre las ejecuciones en las Brigadas Internacionales, he de decir que en un informe alto secreto del camarada Gómez; es decir, Wilhelm Zeisser, agente del GRU -el servicio de inteligencia militar soviético- y jefe de la base de Albacete de las Brigadas Internacionales, a 31 de marzo de 1938 el total de los incorporados a las Brigadas era de 31.369: 15.992 disponibles, 5.062 devueltos a casa heridos y 4.575 muertos y desaparecidos, y el apartado denominado “diferencia”: 5.740, es el total que incluye a los desertores y a los ejecutados. (Ronald Radosh. Mary R. Habeck y Grigory Sevostianov. España traicionada. Barcelona, 2002. pp. 511 y 549). Ejecutados cuyo número real jamás sabremos, al igual que pasa con los miles de ejecutados en y por el Frente Popular.
El 20 de enero de 1938, fueron fusilados en el pueblo turolense de Rubielos de Mora, 46 milicianos acusados de insubordinació n.
Del 5 al 13 de marzo de 1939 tuvo lugar en Madrid la última batalla de la Guerra Civil, donde se enfrentaron fuerzas prosoviéticas socialistas y comunistas, contra fuerzas anarquistas de Cipriano Mera Sanz y del militar profesional y republicano, el hermano Segismundo Casado López. Tampoco se conoce el número exacto de muertos, y las cifras que dan algunos historiadores van desde los más de 200, 500, unos 2.000, más de 5.000 y hasta 20.000; eso sí, se sabe que el coronel o general Casado ordenó fusilar a los comunistas coronel y hermano Luis Barceló Jover y al comisario José Conesa, y que anteriormente fuerzas de Barceló habían ejecutado a los ayudantes de Casado, los coroneles José Pérez Gazzolo, Arnoldo Fernández Urbano, Joaquín Otero Ferrer y al comisario Ángel Peinado Leal.
Finalizada la Guerra Civil e incluso después de la II Guerra Mundial, asesinos comunistas refugiados en Francia, continuaron la eliminación de antifascistas españoles; como el caso de Joan Farré Gasso, antiguo dirigente del POUM de Lérida y participante en la resistencia francesa contra los alemanes, que fue interceptado en Montauban por los maquis comunistas y asesinado.
Presidente Rodríguez y asociados, no sean tan cobardes y tengan memoria de todos sus muertos. Y digo todos sus muertos, porque como usted Rodríguez ha declarado sentirse muy orgulloso de ser rojo; pues bien, sepa y recuerde que esos fueron rojos asesinados por rojos, hágase pues cargo de los miles y miles de esas víctimas, y a los cientos de sus asesinos recompénseles por su callada labor realizada, labor que nunca será reconocida ni siquiera por ellos mismos.
Este trabajo es una parte de las páginas del libro: “El chantaje de la izquierda. Las falsedades de la Guerra Civil española”. Se puede adquirir en la Librería Histórica. c/ Lagasca 120. Madrid.Habría que añadir a los 200 milicianos fusilados en Aravaca, cerca de los 800 mártires patriotas, por no querer ir al frente. O los vagones llenos de prostituas y homosexuales que iban al frente y que fueron fusilados por Durruti.
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Filosofia da responsabilidade.
FILOSOFIA DA RESPONSABILIDADE.
«A mentalidade evangélica (herdada do Novo Testamento e não do Antigo, puramente judeu), fundada sobre a auto culpabilização, o amor universal do género humano - com uma preferência pelo estrangeiro -, a negação da sua própria nação, impregna hoje todas as Igrejas cristãs, mas também, de forma laicizada, a maioria dos grupos de pressão, associações, sindicatos, meios de comunicação social, professores, partidos políticos, etc. Ainda que os intelectuais judaicos se tenham desde há muito tempo servido desta disposição de espírito para a acompanhar e acentuar, não a criaram em absoluto. Não foram os Judeus que introduziram o vírus do ódio a si próprio, da renúncia, do individualismo, nos Europeus. Nietzsche desenvolveu amplamente este ponto de vista, o qual foi sempre ocultado pelos seus panegiristas. Estes princípios foram inoculados pela moral do Novo Testamento, que não era judaica na sua essência, e que demorou vinte século antes de fazer sentir, após uma lenta incubação, os seus efeitos perversos (a ideologia do Amor); e, paradoxalmente após a destruição da Igreja católica tradicional que havia conservado os elementos fortes da mentalidade pagã.
Resumidamente, o espírito de abdicação, de abertura delirante ao Outro (mesmo sendo este agressivo e hostil), que enfraquece qualquer espírito de defesa e faz perder o bom senso, é talvez substancial ao espírito europeu, como uma parte negra do seu génio. Certos intelectuais judaicos podem ter activado este gene nefasto, mas não foram eles que o criaram certamente; e é provável que sem eles, ele ter-se-ia feito sentir do mesmo modo.»
Guillaume Faye. La nouvelle question juive. 2007
http://arqueofuturista.wordpress.com/
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16.04.2008
Comunidad del pueblo y socialismo en el Tercer Reich
"Estamos convencidos de que nuestro socialismo basado en la hermandad de la sangre se difundirá entre los otros pueblos y dará nueva forma también a la relación entre las naciones, ya que este contiene en sí la promesa de una nueva liga de los pueblos, más rica en su sustancia que la actual porque se funda en un socialismo atento al honor de los pueblos"
(Hermann Schwarz, 1936).
Las investigaciones historiográficas referentes a la génesis del nacionalsocialismo y al periodo marcado por la experiencia del Tercer Reich han ocultado perniciosamente cualquier análisis serio sobre la forma político-social que habría distinguido la experiencia revolucionaria de lucha (el llamado perido del Kampfzeit) y de poder del movimiento nacionalsocialista. Tenemos que reconocer, principalmente, al historiador alemán Rainer Zitelmann ( autor de una apreciable biografía política de Hitler) todo el mérito de haber evidenciado la persistente laguna respecto a la política organizativa en el terreno estrictamente social del Tercer Reich y sobre las ideas que la permeaban.
Todavía hoy podemos entender que la historiografí a de naturaleza liberal y sobre todo la de matriz progresista o marxista hayan tenido más de un motivo para ocultar ciertos aspectos del nacionalsocialismo considerados por ellos, quizás con toda la razón, bastante embarazosos. Podemos entender perfectamente sus motivos. Las preguntas que muchos historiadores, en la posguerra, se han planteado continuamente, analizando la historia del movimiento nacionalsocialista y su gestión del poder, fueron sustancialmente las siguientes: la Alemania hitleriana, ¿fue un Estado socialista? ¿Es aplicable a la organización político-social del Tercer Reich la categoría de "organización socialista"?
Con una lectura más objetiva y libre de condicionamientos y torsiones históricas sobre los acontecimientos de entonces, podemos, con certeza, afirmar que sí. La Alemania nacionalsocialista representó y desarrolló con una clave interpretativa innovadora y auténticamente europea una forma específica y original de "socialismo nacional", (precisamente Albert Speer llegó a felicitarse de este "socialismo al mismo tiempo moderno y alemán), arraigada en el alma del pueblo, rigurosamente antiplutocrática y anticapitalista, competitiva y contrapuesta a la forma "internacionalista" que representaba el experimento marxista de la Rusia soviética. Una visión idealista que representará la centralidad del pensamiento político de Adolf Hitler y de la cual nunca se alejará: "ningún nacionalismo puede existir verdaderamente, hoy, si no está determinado de modo socialista por la colectividad del Volk. Y nadie es un verdadero nacionalsocialista si no hace que el énfasis recaiga sobre la palabra socialista. Es aquí, en este concepto, donde se encuentra la fuerza propulsiva de nuestra época".
Así, los mismos nacionalsocialistas no dejaron nunca de subrayar que lo que proponían y luego realizaron, era, a ojos del mundo, el "verdadero socialismo" contrapuesto al marxismo, siempre denunciado por ellos como una impostura de marca judía pensada para engañar a la Nación y a los trabajadores. Precisamente las vicisitudes del segundo conflicto mundial contribuyeron a elevar el tono ideológico del choque militar que estaba teniendo lugar, fue en aquellas circunstancias cuando Alemania "...el primer Estado popular realmente socialista del mundo" evidenció propagandísticamente su posición radicalmente alternativa con respecto a las democracias capitalistas occidentales y al oriente bolchevique.
Será el propio Adolf Hitler, al comentar la guerra en el frente del Este, quien explique con claridad la naturaleza del conflicto ideológico que afectaba a Alemania y a Europa: "A todo alemán que combate hoy en Oriente, yo le puedo dirigir esta invitación: Considerad nuestras realizaciones, nuestras casas, nuestras colonias rurales; comparad nuestras organizaciones nacionalsocialistas con lo que habéis visto allí abajo; comparad la suerte del campesino alemán con la del campesino ruso y dadme después vuestro juicio: ¿Quién lo ha hecho mejor y quién ha tenido las intenciones más honestas?
Ciertamente entre quienes han regresado de Rusia nadie ha dudado a la hora de admitir que sólo en Alemania se estaba realizando un Estado socialista. Pero precisamente por tal motivo este otro mundo, especialmente por cuanto representa los intereses capitalistas, se lanza en contra de nosotros. Es un consorcio que todavía hoy se arroga el gobernar el mundo según su interés capitalista, el dirigirlo y, si es necesario, el maltratarlo" .
La elaboración ideológica desarrollada dentro del movimiento nacionalsocialista fue indudablemente deudora de la aportación cultural que se desarrolló en el "laboratorio" de ideas del radicalismo nacionalista y volkisch que impregnó el inquieto ambiente de la llamada "Revolución Conservadora" , como también de la crítica spengleriana al liberalismo (que el filósofo consideraba, con toda la razón, como hostil desde siempre al concepto de estado), también utilizando aquí la mediación "del instinto alemán auténticamente prusiano" se afirmaba que el dominio político tenía que pertenecer a la "Totalidad", la persona misma tenía que ser puesta al servicio de la "Totalidad", el individuo, más bien, por sí mismo no tenía un valor propio porque debía subordinarse a la "Totalidad", por tanto, la "Totalidad" ostentaba la soberanía. El "Nosotros comunitario" se planteaba, inevitablemente, contrapuesta de forma rígida al "Yo individual".
En la teorización del "socialismo prusiano" se encontraba magníficamente expresada toda la lapidaria incisividad y radicalidad que distinguía la oposición al modelo de la liberal-democracia anglosajona y a la misma "ética" del éxito económico, considerada, siempre por Spengler, como la versión inglesa del calvinismo. A todo esto el filósofo alemán contrapuso lo que él mismo definía como el instinto gótico de la voluntaria subordinación del individuo a la 'Totalidad'. Un instinto y un estilo que se encontraban principalmente en la estirpe prusiana. Por estos motivos Spengler recondujo su propio ideal político a un específico socialismo autoritario de sello prusiano que restituiría la verdadera libertad: la libertad con respecto a la arbitrariedad económica del individuo.
Además de la crítica spengleriana y, probablemente en mayor medida, tuvieron influencia las elaboraciones, más propiamente políticas, de la Thule gesellschaft y de sus filiaciones: la Liga de los trabajadores alemanes y la Asociación comunitaria obrera germano-socialista. Ambas y, por tanto la Thule gesellschaft, con incesantes llamamientos dirigidos a los trabajadores, hacían propaganda de la necesidad y la urgencia, para que Alemania se salvase del yugo de la Alta finanza internacional, de un socialismo específicamente nacional y la creación de un Partido que estuviese en condiciones de enfrentarse a la socialdemocracia sobre su mismo terreno: "Ostentando una oposición de fachada, la Socialdemocracia lleva contra el capitalismo una lucha evidentemente ficticia, desde el momento en que, a la cabeza de este partido, no se encuentran más que judíos y capitalistas" .
Este "nuevo partido", que acogería en sus filas exclusivamente a trabajadores de nacimiento y descendencia alemana, propugnaría reformas sociales absolutamente radicales, la nacionalizació n de los bancos y la abolición de la especulación bursátil, rechazaría el modelo de la democracia occidental y también apuntaría a la abolición de la legislación derivada del derecho Romano que, a juicio de los "nuevos socialistas alemanes", había asumido con el tiempo un carácter asocial en perjuicio del interés comunitario hasta el punto de privilegiar el beneficio privado del individuo y de legitimar la especulación y la prevaricación social dañando las categorías populares: " Ya que pretende enfrentarse radicalmente a los problemas planteados por las necesidades nacionales y sociales siguiendo las instancias básicas, incisivas e inflexibles que lo guían a la acción, este nuevo Partido no pretende avanzar propuestas tendentes a obtener reformas sólo aparentes (...) Absolutamente hostil al Capitalismo e impenetrable a las infiltraciones judaicas, el nuevo partido pretende abrirse camino sin tener consideraciones ni hacer concesiones de ningún tipo, dejándose guiar sólo por la búsqueda de la prosperidad nacional al perseguir, junto a una más equitativa distribución de los bienes, la reorganizació n y la regeneración del vigor de la población alemana, tan duramente puesta a prueba."
El nacionalsocialismo racionalizó y reelaboró todo esto llegando a un socialismo pensado no ya para una sola clase social , sino para toda la comunidad nacional que se soldaría con un joven nacionalismo popular, irreductiblemente extraño y enemigo del conservadurismo reaccionario. Juntos acabaron así formando una máquina de guerra sin precedentes contra el viejo mundo del capitalismo liberal. En el nacionalsocialismmo iba así a revivir el mito nunca desaparecido de la síntesis orgánica entre el elemento social y el nacional que habían perseguido generaciones de idealistas y de "sindicalistas revolucionarios" beneficiarios de la lección histórica de Georges Sorel.
No por casualidad el mismo escritor francés Jean Variot, discípulo, biógrafo y amigo de Sorel, en una obra suya dedicada a la recopilación de escritos del sindicalista francés llegó a constatar: "Hoy, en 1935, encuentro en las teorías hitlerianas, que concilian un socialismo de orden práctico con un nacionalismo intransigente, una singular coincidencia de ideas con las de Sorel, de 1909 a 1911. Si Sorel hubiese publicado sus ideas de entonces, se podría decir que Hitler se ha inspirado en ellas".
Con la bandera roja que llevaba la rueda solar, los nacionalsocialistas quisieron concretar la representació n simbólica del significado de la completa realización de esta síntesis que, a su vez, constituía el fundamento del "socialismo alemán". Todo ello siguiendo el lema: Gemeinnutz geht vor Eigennutz, el bien común por encima del interés individual.
Gemeinnutz geht vor Eigennutz, representó, en realidad, mucho más que un lema difundido y movilizante. En la concepción y en la puntualizació n de la importancia de que el "bien común", es decir, lo útil de la "comunidad popular", siempre debía preceder y prevalecer sobre el interés "privatístico" del individuo, se puede encontrar fácilmente el significado auténtico e innovador del "socialismo- nacional" alemán y del ordenamiento de la vida popular que de él derivaba: la Volksgemeinschaft.
En la definición étnico-social de la "comunidad orgánica del pueblo", la Volksgemeinschaft nacionalsocialista, no era en absoluto anómalo observar conceptos del tipo: "En el Estado nacionalsocialista, no existe ya una propiedad de la cual el individuo pueda disponer a placer. No existe el derecho ilimitado a la propiedad, sino sólo el derecho, que haya sido merecido, de administrarla por el bien de todos. La propiedad es un préstamo. Ciertamente se puede usar, pero sólo en interés de todos". Afirmaciones semejantes cabían perfectamente en la renovación jurídica alemana emprendida por el régimen nacionalsocialista y expresaban el radical anti-individualismo de los juristas nacionalsocialistas y su oposición al "derecho subjetivo", el derecho burgués por excelencia en el que se basaba la legitimación del sistema capitalista.
El "derecho subjetivo" de naturaleza liberal, que hasta entonces legitimaba histórica y jurídicamente la concepción individualista y privatísitca de la "propiedad" y de toda la economía, se conciliaba mal con la Weltanschauung comunitaria y organicista del nacionalsocialismo que rechazaba a priori la existencia de un "interés individual" que debiera ser tutelado. Para los nacionalsocialistas , en el lugar de la protección del interés individual se tenía que poner prioritariamente el "servicio a la comunidad", la responsabilidad y el sentido del deber con respecto a la comunidad popular y el ordenamiento concreto de la nueva organización socialista del pueblo que esta expresaba, en relación y en correspondencia con la "función social" que el "miembro del pueblo" ( el Volksgenosse, el "compañero del pueblo", por tanto, no ya el "individuo") ocupaba concretamente en la comunidad misma.
La comunidad del pueblo, en la visión nacionalsocialista, no se remitía a una esfera distinta de la privada sino que se identificaba con esta y, por tanto, también con las relaciones entre sus miembros. El individuo era concebido como un elemento orgánica y perfectamente integrado en la estructura social y comunitaria hasta confundirse con esta. Era, por tanto, normal que se pusiese con énfasis el acento sobre la unidad completa y total del individuo con su pueblo: unidad entendida en sentido político, social y finalmente racial.
Las palabras del conocido jurista nacionalsocialista Karl Larenz aparecen por tanto ante nosotros con toda su desarmante claridad: "No como individuo, como mero hombre o como portador de una abstracta razón universal, yo tengo derechos y deberes y la posibilidad de formar relaciones jurídicas, sino como miembro de una comunidad que se da en el derecho su propia forma de vida, de la comunidad del pueblo. El individuo tiene una personalidad concreta sólo como ser que vive en comunidad, como Volksgenosse."
Coherentemente con su propio programa, el nacionalsocialismo se proponía superar el opuesto dualismo entre "público" y "privado" en el nuevo ordenamiento de la vida popular encarnado por la Volksgemeinschaft que, en el imaginario político de los nacionalsocialistas , pondría fin al orden de las clases nacidas del desarrollo del capitalismo, procediendo hacia un nuevo orden socio-económico ( de ahí la insistencia sobre los temas del socialismo alemán y de la nobleza del trabajo manual) y un reordenamiento ético y espiritual que eliminaría el desorden materialista de la época.
Estas observaciones nos llevan al corazón de la concepción social del nacionalsocialismo: aquí el inidividuo por sí mismo no tiene calidad jurídica ni función social; como tampoco la abstracta "sociedad" reviste importancia ni posee una completitud jurídica al no ser otra cosa que una superestructura protagonista con el individuo de la dinámica burguesa. Mientras sólo el Volk, el pueblo concreto en su calidad étnica, política y social, puede revestir relevancia jurídica y en este el hombre, el Volksgenosse, en cuanto parte activa suya, consciente y orgánica; el miembro del pueblo considerado como portador de una voluntad no individual, sino comunitaria. El socialismo y la raza así, conjugándose, se convertían en los robustos fundamentos de la orgánica voluntad colectiva del pueblo y de la disciplina de sus componentes sociales.
En el momento en que los nacionalsocialistas reconocían en el pueblo la fuente del derecho, automáticamente la Volksgemeinschaft se convertía en el único sujeto jurídico dentro del cual regía el principio fundamental de la distribución y del reconocimiento del papel y de la función social, tenía lugar así la total coincidencia entre pensamiento jurídico, pensamiento social y pensamiento político. Se realizaba la radical negación del derecho burgués completamente centrado en la idea liberal de libertad privada y en la consiguiente arbitrariedad egoista sobre la propiedad privada y sobre la economía: "Sólo la comunidad del pueblo debe ser propietaria de las riquezas nacionales, los individuos no pueden ser más que sus depositarios y son sus deudores ante la colectividad, la cual es la propietaria principal de todas las riquezas que los individuos poseen solamente de segunda mano, por feudo".
El nacionalsocialismo produjo una impregnación tal y tan profunda entre categorías políticas, sociales, filosóficas y jurídicas que las hizo indisociables entre sí, constituyendo incluso una el presupuesto de la otra. Política, filosofía y derecho eran, por tanto, presentadas como expresiones múltiples de la misma esfera de conocimiento conforme a la Weltanschauung oficial que, a su vez, se proponía como universo concreto en directa referencia a la Volksgemeinschaft que se presentaba como el organismo real: una entidad concreta de la que ninguna ciencia social debía prescindir en absoluto. Mucho menos la ciencia jurídica que, a su vez, era elevada al rango de ciencia militante, mientras los juristas nacionalsocialistas revestían la posición de soldados-polí ticos del frente del derecho.
El nuevo derecho comunitario se convertía así en la forma en la cual y a través de la cual la Volksgemeinschaft dirigía y plasmaba de modo unitario su propia vida colectiva. En la absoluta igualdad de estirpe entre el Líder y el séquito, en su fidelidad recíproca realizada en la comunidad del pueblo brotaba el fuerte sentimiento de pertenencia, una fuerza recóndita que establecía la preeminencia de lo colectivo sobre lo individual y de lo general sobre lo particular.
La neta distinción que los nacionalsocialistas aplicaban entre el concepto de Besitz (la posesión limitada) y el concepto de Eigentum (la propiedad plena y completa que correspondía a la Comunidad y al Estado) se remitía a referentes precisos del antiguo derecho germánico de las Sippen conocido desde los tiempos arcaicos del comunitarismo tribal ( es decir, de la antigua concepción germánica de la propiedad colectiva de la tribu o de la nación sobre los medios de producción y sobre el suelo donde cada productor concreto no era otra cosa que un vasallo puesto al servicio de la comunidad) releído en clave moderna sobre la base y con el espíritu de la idea socialista entendida de forma alemana donde triunfaba la concepción total de la Comunidad del Pueblo y la idea del Volksgenossentum, la camaradería del pueblo así como la función estrictamente social de la propiedad.
En tal sentido, comentaba uno de los más conocidos sociólogos nacionalsocialistas , Werner Sombart: "Para el socialismo alemán el probelma de la propiedad no existe (...) a condición por supuesto de que la propiedad privada no tenga un alcance ilimitado sino, por cuanto se refiere a los medios de producción y a la tierra, asuma casi el carácter de una investidura feudal. Puedo estar totalmente de acuerdo con Othmar Spann cuando escribe: formalmente hay propiedad privada, sustancialmente sólo propiedad social. El derecho de propiedad no determina ya las directivas de la economía sino que son estas las que determinan la amplitud y el tipo de derecho de propiedad: he aquí lo sobresaliente" .
El campo de acción del socialismo alemán no se agotó exclusivamente con intervenciones en los ámbitos sociales, económicos y jurídicos, sino que influyó de modo determinante, también, en el desarrollo de una nueva cultura.
Junto a una recuperación de los temas naturalistas, volkisch y raciales se profunidizaron también las referencias a una cultura de la técnica leída como interpretació n de un nuevo romanticismo de acero que elevaría la figura del "trabajador" emancipándolo de la condición de proletariado explotado hasta convertirlo en el "soldado del trabajo" pilar esencial de la nueva comunidad del pueblo: tomó forma, por ejemplo, el interesante fenómeno de los Arbeiterdichter, los "poetas trabajadores" , cantores del heroismo del trabajo y de la camaradería de los obreros en las fábricas: el Arbeiter celebrado en las líricas reflejaba también el hombre nuevo anunciado por el mito propagandísitco del nacionalsocialismo.
Igualmente importante y significativa para la difusión de las temáticas del socialismo volkisch fue la densa y difundida experiencia del Kampfbuhne, es decir, del "teatro de lucha", que tomó cuerpo desde 1926 como expresión de un más amplio proyecto denominado NS-Versuchsbuhne, "teatro experimental nacionalsocialista" . Los nacionalsocialistas definieron el estilo agresivo de la polémica política del "teatro de lucha" como Streitgesprach, es decir, como "polémica contra el enemigo", entendiendo como "enemigo" todo lo que culpablemente había dañado la salud social y política del pueblo alemán: los especuladores financieros, los banqueros capitalistas. los usureros judíos y los agitadores marxistas.
Este tipo de pedaggía política que utilizaba la forma teatral y las salas de fiesta como lugares donde el adoctrinamiento, la formación y la diversión eran un todo obtuvo entre las clases populares un enorme éxito y contribuyó, de manera original, al desarrollo de una nueva cultura nacionalsocialista.
Una nueva cultura etno-popular que finalmente podía ostentar con orgullo que tenía en los trabajadores, relacionados en calidad de miembros autorizados en el seno de la comunidad (después de décadas de fraccionismo clasista) y regenerados con una nueva conciencia racial y social, "los representantes de un socialismo que en honor del trabajo hace que la vida viril de todo joven comience con la pala". También en este caso el mito comunitario y los lemas unificantes hicieron milagros a la hora de restituir un profundo sentido de pertenencia que necesitaba, para ser tal, una movilización permanente y una incesante y activa participación en la vida de la omnicomprensiva Comunidad del Pueblo.
Finalmente, subvirtiendo el arquitrabe del pensamiento liberal-burgué s que imponía la supremacía de la clase mercantilista y devolviendo la plena soberanía al dominio político-social de la Comunidad del Pueblo, el nacionalsocialismo redirigió la instancia económica a la única función que le habría correspondido, la de su total subordinación a los intereses superiores, a las necesidades y a las directrices de la comunidad política y de su manifestación orgánica: el Estado popular nacionalsocialista.
Podemos encontrar la legitimación de este interés superior en las palabras de Hans Frank, el decano de la jurisprudencia nacionalsocialista: " No existe una sociedad fuera de la totalidad del pueblo. En nuestro pueblo no existen ya agrupaciones feudales, o aristocráticas o en cualquier caso privilegiados por tradición histórica y por derechos especiales. No existen ni familias, ni clases privilegiadas. Existe un pueblo alemán unitario, que comprende en su aplastante mayoría a los compañeros que trabajan en el Estado, en el Partido y en la economía".
Sonia Michelacci
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